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Las 55 prácticas para
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5 Cagadas en 5 años Emprendiendo

Dicen que es un fracaso sólo si dejas de intentar. Entonces estos los llamaremos cagadas. Errores. Caídas duras. Sin pelos en la lengua.


1. No tener estados e información financiera al día


Yo estaba enfocado en diseñar y Santiago en vender. Los dos éramos bomberos apagando incendios sin parar. 


Eran los “problemas buenos” ya que consistían en cómo poder recibir más clientes de los que podíamos atender, en vez de cómo conseguir clientes.


Al ver que seguían llegando, asumíamos que el flujo de caja debía seguir creciendo a la par. Pagábamos los proveedores con nuestras tarjetas de crédito personales. Después cruzamos cuentas decíamos. No teníamos sueldo, cubríamos la nómina del pequeño equipo que teníamos en el momento.


No había tiempo para nada. Pero teníamos que ir bien, pues seguían llegando clientes.


El problema fue que la palabra cartera no existía en nuestro vocabulario.


Y para el que todavía no la tiene, cartera en este contexto, es el manejo de tus cuentas por cobrar.


Asumíamos que todo al que le enviábamos factura nos pagaría sin ningún tipo de seguimiento.


Y no fue así. Cuando finalmente tuvimos estados financieros, el 90% de nuestras ventas de los últimos dos años estaba en cartera. Habíamos facturado, prestado el servicio y no nos habían pagado. No habíamos cobrado.


Nos tocó hacer una ronda de inversión para conseguir el flujo de caja necesario para sobrevivir mientras recuperábamos nuestras finanzas. Hubo facturas que nunca nos pagaron. Económicamente perdimos mucho. Nos endeudamos.


Ahora tenemos una persona dedicada a cartera. Y sabemos que su rol es tan importante como el de un diseñador. Hacemos seguimiento semanal e implementamos protocolos transparentes para suspender nuestros servicios automáticamente por falta de pago.


Nos obligó también a mejorar nuestro servicio. Llamar a cobrar reveló puntos débiles que debíamos mejorar.


Si estás pendiente de tus clientes, prestando un excelente servicio, no hay que tener miedo de cobrar.



2. Tener pánico a subir precios


Estábamos convencidos que nuestro servicio era exitoso porque costaba 69,000 pesos. Sabíamos que debíamos subir precios pero lo posponíamos excusa tras excusa.


¿Por qué debíamos subir precios? Porque el crecimiento de tu empresa, de tu equipo y de tu servicio lleva a que aparezcan costos que no tenías en el radar cuando hiciste las cuentas para llegar al precio de venta inicial.


Equipo administrativo. Licencias de software. Middle managers. Oficina, muebles, arriendo y servicios. Publicidad y comisiones para conseguir nuevos clientes. Capacitaciones. Impuestos. Taxis y Uber. 


Todo lo que antes era tan insignificante que ni siquiera valía la pena tenerlo en cuenta ahora es la razón por la que no dábamos utilidad.


Adicionalmente, la tecnología que manejábamos se había quedado obsoleta y la nueva versión costaba más del doble. Y ni hablemos del dólar camino a las nubes.


Subimos el precio porque nos quedamos sin otra opción.


¿Y qué pasó cuando triplicamos el precio?


Mejoró nuestro servicio del cielo a la tierra. Los indicadores de satisfacción de nuestros clientes se dispararon. Empezaron a llegar más y mejores clientes. Mejoraron nuestras finanzas. Llegamos a punto de equilibrio.


Lograr una empresa rentable y sostenible a largo precio compitiendo por precios bajos creo es la estrategia más difícil. 


Olvídate de eso y dedícate a crear un producto que agregue mucho más valor del que cuesta.



3. No delegar lo suficiente


Llegamos a un punto donde preferíamos hacer las cosas nosotros, sabiendo que no teníamos tiempo, que íbamos a terminar pidiendo disculpas y entregándolas tarde.


Teniendo un equipo disponible.


Una infinidad de excusas aparecían a la hora de delegar. Que no está capacitado. Que a mi me queda mejor. Que está muy nuevo. Que no tiene experiencia. Que me demoró más enseñándole que haciéndolo. Que este cliente es muy importante.


¡Mentiras!


Nada más que miedo. El verdadero enemigo del emprendedor.

 

Cuando empezamos a delegar todos los indicadores de servicio empezaron a mejorar. Nuestros tiempos de entrega mejoraron. Los clientes nos agradecieron. El equipo empezó a tener más responsabilidad frente al cliente lo que mejoró la calidad de su trabajo. Al estar haciéndolo empezaron a proponer maneras de mejorar, el flujo de ideas ya no era de arriba a abajo sino al contrario.


No estábamos haciendo más que estorbar.


¿Pasó algo malo?


Si. Algún cliente mal atendido. Algún desliz del equipo. Alguna situación mal manejada. 


Situaciones que Santiago y yo, gracias a delegar, tuvimos la disponibilidad de atender y corregir oportunamente.


¿Quieres mejorar? ¿Quieres ir más rápido? ¿Quieres llegar más lejos? Quítate del camino.



4. Llevar un socio al burnout


En un momento de mucha incertidumbre y presión, uno de nuestros fundadores asumió por mucho tiempo, mucho trabajo. Hasta que se quebró emocionalmente. Ha sido el único momento en que ha temblado el liderazgo y relación de los fundadores de Palma de Web.


Teníamos dos opciones. Congelar una línea de negocio. Posponer su crecimiento. Perder oportunidades de facturación que necesitábamos con urgencia.


O asumirla uno de nosotros y facturar.


Por ignorancia creíamos que era posible. Y las ganas de sacar un proyecto adelante nublan la vista. Como emprendedores nos creemos súper humanos, capaces de llevar una carga más pesada que “la del resto”, pero no es así. 


Tres meses después estaba emocionalmente en la quiebra. Queriendo tirar este proyecto a la basura. Queriendo buscar otra vida. Dudando de mis socios. Impaciente con mis clientes. Con unos lentes donde todo se veía negativo. Tragándome todo hasta que fue demasiado tarde.


Creo que mostrar vulnerabilidad al estar abrumado por exceso de trabajo es tabú. 


Pero hay que levantar la mano cuando se está llegando al límite. Callar no lleva a nada bueno. Y como líder de una empresa debes propiciar los espacios para hacerlo.

 

Tenemos tanta esperanza en nuestro emprendimiento que a veces se nos olvida lo que estamos sacrificando por lograr un objetivo. 


Jamás volveremos a igualar una meta de ventas con un miembro clave de nuestro equipo.


Lo que no se puede reemplazar no se pone en juego



5. Nos enloquecimos con los KPIs: Muchos indicadores, pocos resultados



Santiago es ingeniero industrial y yo soy economista. Queremos traer un método científico a la industria creativa.


Nos obsesionan los procesos claros. Los KPIs. Los métodos.


Pero en un momento nos íbamos pasando. 


Queríamos ser más transparentes con las métricas de evaluación de rendimiento de nuestros diseñadores y servicio, entonces creamos un indicador clave de rendimiento (KPI) para cada detalle.


Tiempos de entrega de bocetos. De piñatas. De ajustes. De respuesta de correos. Calificación de cada entregable. Calificación del responsable, de su jefe y de su cliente. Rendimiento de los diseños, en fin.


Esto, para personas que en su vida habían escuchado la palabra KPI.


Lo único que logramos medir fue la frustración de nuestro equipo ante tanta medición. 


Es muy fácil pedir información cuando no eres tú quien la debe conseguir.


La información tiene un costo. Debes tenerlo en cuenta cada vez que la solicitas. Un costo económico, emocional. En tiempo y recursos.


Hay información que no agrega valor. Hay variables que te indican lo suficiente. Acostúmbrate a tomar decisiones con el 85% de la información, no con el 100% de la realidad.


Nos tocó frenar en seco la idea de los KPIs y reestructurarlos desde cero. Tiempo y recursos perdidos. Un equipo que sufrió sin necesidad. Nuestra credibilidad ante ellos también pasó factura.


Hoy son contadas las variables que medimos y la frecuencia en que lo hacemos. 


Evaluamos constantemente qué información pedimos y no usamos para no pedirla más. Miramos con escepticismo cada vez que nace la necesidad de medir algo nuevo.


Pero lo que medimos, lo usamos de verdad. 



Ahora, ve a cagarla.


Los errores son innatos al proceso de emprender. Los vas a cometer. 


Pero los emprendedores que llegan más lejos son los que aprenden de los errores del resto, para no cometerlos. 


Innovadores de verdad. Descubriendo, con errores, lo que nadie antes había intentado. En vez de confirmar lo que no funciona, repitiendo los errores de los demás.


Los errores que nadie ha cometido te llevan lejos. El resto te llevan al abismo.


Así que no repitas estos cinco. Sé un emprendedor auténtico, hasta en tus cagadas. 


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