El entierro de nuestra empresa. Este sueño se acabó.

Cerrando las oficinas. Entre lágrimas despidiéndote de tu equipo. Subiendo las últimas cajas al carro. Tristeza y desolación, el día que esperábamos que no llegara nunca está aquí. La empresa. El sueño. Se acabó.

 

Se vienen días de reflexión. En medio de la frustración es imposible no pensar en qué fue lo que falló.

 

¿Qué no hice bien? ¿Por que nunca saqué tiempo para marketing? ¿Por qué no implementé ni una de las ideas que tenía? ¿Por qué me ganó la pena y no llamé a ese contacto a contarle de mi empresa? ¿Por qué nunca participé en esa feria? ¿Por qué ignoré las señales que me enviaba mi equipo? ¿Por qué nunca llamé a mis clientes a pedirles que le dieran palo a mi servicio? ¿Por qué no acepté esa inversión solo por no perder una parte de mi empresa? ¿Por qué nunca levanté la mano a pedir ayuda?

 

Ya para qué. Algunos dirán que no vale la pena atormentarse la cabeza. Otros dirán que es el momento de rescatar los aprendizajes más valiosos. Ambos válidos.

 

Pero qué tal si toda esta tragedia fuera solo un ejercicio. ¿Si tu empresa funciona viento en popa y te obligas a simular el día en que todo se acaba? Pensarlo es escalofriante, y cada vez que realizamos este ejercicio en Palma de Web es una inyección de energía, un baño de humildad, y un plan de acción inaplazable.

 

Para mi no hay nada peor que el sentirse arrepentido de no haberlo dado todo. De haber dejado oportunidades perdidas. De haber quedado con gasolina en el tanque.

 

Sabiendo que solo uno de cada cinco emprendimientos sobrevive los primeros cinco años, ¿no vale la pena sacar un espacio para asegurarte de estarlo dando todo?

 

Aquí te dejamos los lineamientos generales para que practiques este valiosos ejercicio.

 

Ejercicio para emprendedores: El entierro de mi Empresa.

 

Objetivo:

 

Descubrir que actividades y tareas críticas para el crecimiento sostenible de tu empresa estás dejando a un lado, posponiéndolas con excusas y actividades del día a día.

 

Metodología:

 

1. Agenda un espacio con tu equipo de trabajo de 60 a 90 minutos.

 

Contextualiza a tu equipo invitándolos a simular el día en que se acaba la empresa. Entre mayor seriedad le pongas a este momento, más fibras tocarás y más productivo será el ejercicio. Piensa en el momento en que lo comunicas, en empacar. En la tristeza, en las caras de cada uno. En los días de reflexión que vendrían. 

 

2. Mediante preguntas sugestivas, empieza a hacer un listado de las actividades que cada persona está dejando de lado hoy. Te comparto unas que te pueden ayudar:

 

  • Si ese día llegara, ¿cuál sería la actividad que más te arrepientes de no haber hecho? 
  • ¿Qué actividad no hiciste por pena o miedo al rechazo?
  • ¿Qué actividad no hiciste por falta de presupuesto?
  • ¿Qué actividad llevas posponiendo por más de tres meses?
  • ¿Cuándo fue la última vez que pediste retroalimentación de tu servicio a los clientes?

 

3. Revisa la lista con el equipo y compartan opiniones para organizarlas de acuerdo a cuanto valor agregarían al sostenimiento y crecimiento a largo plazo de la empresa. 

 

4. Asigna UNA tarea a cada uno de los asistentes, y guarda el resto de ideas en un archivo que puedan revisar en futuros ejercicios.

 

Cada asistente deberá realizar un plan de trabajo para iniciar de inmediato con la implementación de la idea. Durante el ejercicio se puede hacer un plan general, y los detalles específicos se pueden realizar de manera individual en otro espacio. 

 

6. Asigna y agenda espacios recurrentes para revisar cómo avanza cada tarea. 

 

 

Emprendedores, el tiempo pasa y dejarlo ir tiene sus consecuencias. No esperemos hasta que sea demasiado tarde.

 

Un visionario siempre está adelante en el tiempo.

 

Un abrazo,

 

Juan Felipe

IG: @juanfelipecastillom